domingo, 21 de noviembre de 2010

Carta de un arquitecto a su presidente

Carta abierta dirigida al Sr. Ludevid.

Nada cambia si nada creemos que debe cambiar. Quien firma estas letras es un arquitecto convencido de que algo debe cambiar en nuestra profesión. Este deseo de transformación es anterior a esta crisis, anterior a la Ley Omnibus, al decreto del visado, anterior al actual "estado de ¿pánico?" en el que nos hallamos instalados, esperando que la salvación llegue de fuera a modo de recuperación económica que permita volver a situaciones pasadas. Con un profundo amor, respeto y preocupación por nuestra profesión de arquitectos, en minúscula, humilde, lejos de la ampulosa y poco cercana Arquitectura, propiedad de divos mediáticos con nuestra misma titulación en los que poco o nada nos sentimos reflejados.

Surgen estas letras como carta abierta dirigida a nuestra profesión, y en concreto a Vd., Sr, Ludevid, como presidente del CSCAE.

Cuando las primeras letras se plasmaban la pretensión era contestar a sus dos cartas recientes del 13 de septiembre y del 15 de octubre, donde centra su opinión sobre el decreto de visado y la modificación del plan de estudios como consecuencia de Bolonia. No puedo dejar de traer a colación la despedida de su primera carta: “Resistir con ilusión”. Le adelanto que no queremos resistir, queremos combatir. Y si morimos, que sea luchando. En todo caso, su expresión es numantina, y todos sabemos que ocurrió con aquellos íberos que con tanta ilusión resistieron.

Si utilizamos metáforas temporales e históricas, el invierno era para aquellos íberos tiempo de paz y espera puesto que los ejércitos de Roma se retiraban y daban tiempo

Así creemos que el 10 10 20 10, es un invierno que solo nos da tiempo, nada más. Cualquier gobierno podrá decretar el no visado y esto nos plantea la principal pregunta.

¿Por qué nos preocupa tanto que se visen los proyectos? Nos resistimos a creer que la respuesta sea por mantener los puestos de trabajo de las estructuras colegiales y la mera existencia de los Colegios, como no creemos que sea para llevar el control administrativo de proyectos y ofrecer este servicio a la sociedad.

Nuestra opinión es que nos preocupa que se visen los proyectos por otra causa más grave. Si no hay visado quien corre riesgo es la propia profesión de arquitecto generalista tal y como tradicionalmente la entendemos.

Toda afirmación categórica es discutible pero genera debate, y así convencidos de ello afirmamos que vivimos por ley y no por utilidad. Si no existiese la L.O.E. como columna vertebral de la definición de las funciones y responsabilidades de los agentes de la edificación, y no existiese la piel del visado y con ella los Colegios que Vd. preside, simplemente no existiría nuestra profesión de arquitectos tal y como hoy es concebida en este país.

No hablamos de Arquitectos ni de Arquitectura, mayúsculas que otros se enorgullecen de defender, no, hablamos del arquitectos que trabajamos como profesionales liberales fundamentalmente de promotores, arquitectos de viviendas, y de lo que se tercie.

Está equivocado quien crea que los 50.000 arquitectos, 30 escuelas, y el número de nuevos arquitectos que éstas forman vivirán de la Arquitectura que se construye por encargos de la Administración, adjudicados por concursos según la Ley de Contratos del Estado. El Estado está sin dinero y no se esperan cambios, y las adjudicaciones son falsas por utilizar términos no gruesos.

En este estado del arte, o cambiamos o nos cambian, o simplemente desaparecemos. La maniobra del colectivo de aparejadores que Vd. nos relató es lógica y plausible, defendían lo suyo. Lo que nos lleva a preguntarnos qué defendemos nosotros.

¿Seguir siendo arquitectos generalistas? ¿Esperar siempre que haya una ley que nos proteja? ¿Resistir? ¿A qué? ¿A la llegada de la primavera? Si con los brotes verdes vendrán los ejércitos de Roma a volver a invadirnos, y quizás esta vez nos corten el suministro del Duero y empiecen a matarnos de hambre. ¿O no queremos cambiar?

Nosotros no queremos resistir y esperar a la primavera. Es invierno y hace frío, mucho frío. Pero las tropas de Alejandro Magno aprendían a moverse como un único hombre en los fríos campos del norte de Macedonia. Y con la primavera ellos llegaron lejos, muy lejos. Igualmente debemos aprovechar este invierno polar para prepararnos y esperar a la primavera, pero no para resistir sino para conquistar, reconquistar más bien, el espacio que otros nos han ocupado por desidia de nuestra profesión en nuestro sector económico de la Edificación, donde no se olvide, somos los únicos titulados superiores, y poca gracia que nos hace que seamos en ella simples técnicos escondidos en nuestra burbuja, dejando que otros profesionales ocupen puestos que deberían ser nuestros.

Nosotros defendemos una nueva y transformada formación del arquitecto, que amplíe los horizontes profesionales de los arquitectos, con visión no sesgada hacia todas las posibles derivas profesionales dentro de nuestro sector, y segundo, un cambio en la visión que la sociedad, y en especial las empresas de nuestro sector, tienen de nosotros.

Son muchas nuestras capacidades que pusimos en manos de las escuelas para que nos formaran. No éramos malos los que entrábamos en las Escuelas de Arquitectura, al contrario, éramos muy buenos, y lo seguimos siendo, sin duda. Entonces ¿por qué hay tanto paro en nuestra profesión si apenas hay arquitectos como directivos en las empresas? Quizás porque se desprecia o se desconoce esta deriva profesional. Y sabemos que las derivas son múltiples, alejadas del paradigma del arquitecto generalista, y no diremos artista.

Somos 50.000 arquitectos, y muchos no estamos de acuerdo con la actual formación de las escuelas de arquitectura, con la orientación que se da a los jóvenes arquitectos en la universidad, con la explotación de los estudios profesionales, con demasiadas cosas no estamos de acuerdo.

Queremos aprovechar todas nuestras capacidades para ocupar nuevos territorios, porque los de siempre están agotados, pero ha de cambiar el paradigma actual.

Podemos proponer cambios, nuevas directrices pero fundamentalmente debemos saber si queremos cambiar o no. Nosotros sí queremos cambiar. ¿Vd.?

Una nueva afirmación categórica, que se cierren las escuelas de arquitectura durante 10 años, y pensemos. Que se anule el visado obligatorio, y pensemos. Que desaparezcan los Colegios de Arquitectos, y pensemos. Y sobre nuestras cenizas creamos en el fénix.

¿O solamente somos arquitectos por ley y porque nos defiende el Estado? Nadie nos tiene que defender. Somos españoles, cainistas como nadie, pero quizás también soñadores como nadie. Fuera de nuestras fronteras, bajo un mismo DNI, nos ven como buenos profesionales y alaban nuestra formación. Las miserias las sabemos nosotros.

Hay un mundo ahí fuera que nuestros abuelos exploraron y conquistaron cuando las tierras de Castilla, Aragón y Catalunya se quedaron ocupadas por nobles godos que no dejaban sitio para míseros segundones que no les quedaba otra que emigrar.

Estimado Sr. Ludevid, no quiero resistir, quiero combatir, pero tenemos que cambiar.

¿Quiere Vd. cambiar?

Firmado.

Jorge Bustinza Esparta

Sé que soy vehemente y en algún punto, o todos, iluso.
Pero si algo me anima, es la esperanza de que si algún día un@ hij@ mí@ quiere ser arquitecto, no l@ encasillen, y tenga un amplio horizonte sin trabas donde ejercer.
Solo puedo deciros que creo en lo que escribo.

¿Alguien firmaría este documento? Yo sí obviamente.

Si deseas apoyarnos dirígite a http:\\www.yosidoylacaraporlaarquitectura.es

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